
«No hay distinción entre judío y gentil. Uno mismo es el Señor de todos, rico para todos los que le invocan, pues todo el que invocare el nombre del Señor será salvo.» – Romanos 10, 13.
«Y todo el que invocare el nombre de Yave será salvo,…» – Joel 2, 32.
Conviene mucho acercarse a la oración cristiana.
Un proceso de invocación
Una llamada de auxilio
No desprecien la oración cristiana. El rezar no es un simple y monótono repetir frases, sino que se trata de un proceso de invocación, una llamada, un grito en la distancia, por decirlo así. Y es sorprendente, somos escuchados y acuden en espíritu.
Al rezar a Dios Padre, a Jesucristo o a la Virgen María recibimos gracia, denominación para el Espíritu Santo acudiendo a nosotros y desplazando al «espíritu mundi» o espíritu de Lucifer y sus príncipes. Presten atención porque es importante esto. Desplaza y despega de nosotros al espíritu del diablo: a su carácter imprimiéndolo nosotros, a sus intrusismos mentales, soplos, intuiciones, enfoques y puntos de vista envolviéndonos. El espíritu del diablo es como una red abarcando el planeta y nos afecta a todos sin darnos apenas cuenta.
No desprecien la oración cristiana porque desplaza y aleja de nosotros las presiones e inspiraciones del diablo y sus príncipes. La oración cristiana es como abrir una ventana y airear el ambiente cargado de esa habitación que es nuestra mente. Y en ella, en la oración cristiana, iremos viendo de forma creciente, podremos ver, cómo al rezar somos atacados mentalmente mediante presión y fuertes desvíos de atención. Veremos cómo nuestra propia atención se nos va pero como estando en un gran vendaval. Acción de los demonios que no quieren que recemos a Dios Padre, a Jesucristo o a la Virgen María. No lo quieren porque ahí está nuestro auxilio y salvación.
Tengan presente que por nosotros mismos, nosotros solos sin ayuda de la gente del cielo, no podremos salvarnos. ¿Qué creen que hay al otro lado? No desprecien la ayuda y protección que nos puede brindar la oración cristiana, frente a la bestialidad que hay al otro lado, infinitamente superior a nosotros.
Si no creen en Dios al menos crean en el diablo, y huyan de él en dirección contraria. Entren al cielo de esta manera, que es como hago yo, huyendo.
Gonzalo Carlos Novillo Lapeyra.
uncatolicoperplejo.com, .net y .es
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