Uno de los jefes mundiales de la masonería admite que “los vacunados irán muriendo entre los próximos tres y diez años” (Agosto 2021).

“Todo se puede medir mediante pruebas hematológicas. Cuantas más inyecciones y refuerzos reciban los imbéciles, peor se verá su sangre bajo el microscopio y más rápido se convertirán en abono”.